Por qué el coronavirus marcó un antes y un después para las mujeres en el mundo del trabajo

Fuente: iProfesional
Autor: Juan Manuel Barca

Las trabajadoras se ven más afectadas por los cambios que aceleró la pandemia. Las cinco claves de la nueva realidad del mercado de trabajo.

La pandemia tiene un impacto desigual en el mercado laboral, con cambios severos en el trabajo de las mujeres. La crisis generada por el virus implicó una mayor carga en las tareas de cuidado, una mayor exposición al contagio en actividades esenciales y la extensión de la jornada laboral, junto con la disminución de ingresos y la pérdida de beneficios laborales.

«El Covid-19 puso de manifiesto las desigualdades en el mercado laboral: las desigualdades de géneros que afectan a los sectores de actividad más feminizados y más expuestos, y las desigualdades de derechos entre quienes están más protegidos en el trabajo registrado y quienes son más vulnerables en el trabajo informal», señala un informe del Ministerio de Trabajo.

El relevamiento realizado por organizaciones sindicales y empresariales que integran la Comisión Tripartita de Igualdad de Oportunidades mostró un impacto mayor en el AMBA y provincias como Chaco, Río Negro y Neuquén, tanto por la tasa de contagio como de morbilidad. También por la extensión de la cuarentena y la suspensión de actividades.

Los trabajos de las mujeres fueron muy afectados por el aislamiento preventivo. La recreación, el turismo, la gastronomía, la hotelería, la organización de eventos, las peluquerías son actividades donde trabajan muchas mujeres y estos sectores son probablemente los que más sufren las consecuencias del aislamiento, según las autoridades.

Los efectos fueron más intensos sobre el sector informal, exponiendo su precariedad, como es el caso de un alto porcentaje de trabajadoras de casas particulares y de comercios minoristas que se vieron imposibilitados de trabajar, con la consiguiente pérdida total de sus ingresos.

Y el Covid-19 afectó el trabajo en las actividades más feminizadas, como la salud y la enseñanza, con tasas de participación de las mujeres del 71% y el 73%, respectivamente. Ambos rubros se mantuvieron activos durante el aislamiento por ser considerados esenciales.

Las mujeres, por otra parte, sufrieron más el desempleo en el primer trimestre del año. En el rango etario de 14 a 29 años, la tasa aumentó de 18,9% en el cuarto trimestre de 2019 a 23,9% en el primer trimestre de 2020, mientras en los varones de igual edad el incremento fue de 16,9% a 18,5%.

Las empleadas de casas particulares sufrieron suspensiones sin cobro de haberes, despidos pese a la prohibición por decreto y el adelanto de vacaciones.

1. Tareas de cuidado

El aislamiento social implicó, especialmente para las mujeres, una sobrecarga de trabajo por la superposición de la jornada laboral con las tareas domésticas y de cuidado. Sumado a la improvisada adopción del trabajo remoto, se implementaron clases no presenciales en todos los niveles y el cierre de espacios de cuidado de primera infancia.

«Los bajos niveles de corresponsabilidad en las tareas domésticas derivaron en que, independientemente del territorio o del tipo de actividad (esencial o no esencial), todas las trabajadoras y mujeres empresarias se han visto afectadas por el aumento de la carga de cuidado de niñxs, adultxs mayores, personas con discapacidad o enfermedad y del trabajo doméstico no remunerado en general», indica el relevamiento.

Una encuesta realizada por UNICEF Argentina reveló que el 51% de las mujeres reconoce una mayor sobrecarga de tareas de cuidado, especialmente en la limpieza de la casa, cuidado de niños, ayuda en las tareas escolares y preparación de comidas.

2. Exposición al contagio

Las mujeres se han visto más expuestas al contagio en las actividades donde son mayoría. Ese es el caso de las trabajadoras de la salud y  las empleadas de casas particulares que realizan asistencia y actividades de cuidado de niños, adultos mayores y personas enfermas, así como quienes realizan trabajos voluntarios o docentes, que atienden comedores escolares barriales o comunitarios.

Con un 71% de mujeres en la actividad, el personal sanitario ya superó los 20.000 infectados, de los cuales 18.000 se concentran en AMBA, y registró 75 fallecidos. En ese marco, el gremio de profesionales FESPROSA reclama por la falta de paritarias y la postergación del bono estímulo de $5.000 por mes.

El estudio también muestra una extensión del horario laboral en las unidades hospitalarias para atender la gran demanda y reemplazar al personal con licencia por enfermedad. Por otra parte, el sindicato señala que la precarización y el multipleo son «una de las causas fundamentales del contagio».

Otros sectores expuestos por la interacción personal son el comercio minorista y el de venta de comida, aunque con dotaciones de personal más reducidas por la modalidad «take away».

«El sector del comercio minorista tuvo que modificar las condiciones de trabajo para prevenir el contagio de sus trabajadores y del público en general que ingresa a los locales adaptando las instalaciones, capacitando al personal, implementando protocolos de cuidado», señala el trabajo.

Pese a los recaudos, el rubro mercantil registró varios casos de denuncias por incumplimiento de protocolos. En el gremio estiman que los supermercados sumaron más de 700 contagios. Mientras la industria y el transporte también concentraon centenares de casos, incluyendo clausuras.

Con un 71% de mujeres en la actividad, el personal sanitario ya superó los 20.000 infectados y registró 75 fallecidos.

3. Deterioro laboral

Durante el aislamiento, por otra parte, se generalizó el trabajo remoto, aunque es marginal en las actividades industriales, de construcción o primarias. Muchas empresas industriales y de servicios adoptaron esa modalidad laboral, sobre todo en actividades administrativas, de finanzas y de ventas.

Una reciente encuesta realizada por la UIA a más de 700 empresas de todos los sectores y regiones indicó que entre el 20% y el 25% pueden realizar las tareas de forma remota, y un 60% indicó poder hacerlo pero en forma parcial.

«El trabajo remoto implicó para muchas trabajadoras una extensión del horario de trabajo y al coincidir los espacios de trabajo con los domésticos también se trabajó en grandes dificultades para conciliar trabajo de cuidado y trabajo para el mercado», señala el estudio.

En varias actividades se registraron dificultades por la ausencia de equipamiento adecuado, conectividad y espacios apropiados para trabajar, todo en situación de aislamiento laboral sin la capacitación y prevención necesaria.

La encuesta realizada por el gremio de entidades deportivas y civiles (UTEDYC) indica que el 80% de los trabajadores comenzó a realizar trabajo a distancia sin capacitación; el 82% debió ir en persona a la entidad a llevar o traer materiales; y 47% no recibió elementos o servicios para dicha tarea (notebook, celular, impresora, insumos, pago de internet o línea telefónica, etc.).

Un 63% debe combinar, asimismo, el trabajo con el cuidado, lo que supone una sobrecarga extenuante asumida principalmente por las mujeres. Y hubo suspensiones cuando las condiciones de trabajo en el hogar no garantizaban requisitos mínimos para la actividad laboral.

El relevamiento señala que más del 90% vio aumentada su carga laboral; el 43,5% no cuenta con una computadora de uso exclusivo. Solo el 36,7% tenía experiencia previa en educación a distancia, 78,4% son el principal sostén económico de sus hogares y el 41,3% de ellos vio reducidos sus ingresos.

4. Reducción de los ingresos

Quienes tienen un empleo registrado y cuentan con mayor estabilidad laboral también sufrieron reducción de ingresos, ya sea por suspensiones, por haberse eliminado el presentismo, o las horas extras. Esto ocurrió en el comercio minorista de indumentaria (muy feminizado) y en la industria textil.

Un millón de trabajadores se vieron afectados por la crisis laboral en lo que va del año. En ese período, se perdieron más de 350.000 empleos y se registraron 740.000 suspensiones, con rebajas salariales de hasta el 30%. Por otra parte, por la postergación de las negociaciones, solo 1 de cada 10 trabajadores formales tuvo paritarias.

La cuarentena tuvo un gran impacto sobre las trabajadoras de casas particulares, teniendo en cuenta que su categoría más baja (tareas generales) fue considerada actividad no esencial y solo estaban habilitadas aquellas categorizadas en tareas de cuidado a personas.

Según el sindicato UPACP, las empleadas de casas particulares sufrieron suspensiones sin cobro de haberes, despidos pese a la prohibición por decreto y el adelanto de vacaciones. «La alta informalidad (de alrededor del 70%) desprotege a las trabajadoras de todos los derechos relacionados con despidos, licencias, etc», señaló la entidad.

5. Pérdida de beneficios laborales

Por las medidas de aislamiento, se dispensó de asistir al trabajo a los trabajadores de más de 60 años, con enfermedades preexistentes, y se otorgaron licencias para cuidar de hijos. El sector público es uno de ellos.

Pero en algunos casos los trabajadores se vieron obligados a tomarse las licencias por vacaciones para poder cuidar, según el relevamiento del gremio de personal jerárquico de Telecom (UPJET). Las licencias parentales para el cuidado de menores fueron mayormente asumidas por las mujeres.

En el trabajo de casas particulares, hubo cambios de categorías fraudulentas para posibilitar que las trabajadoras obtengan el permiso de circulación, sin que se reflejara este cambio en un ingreso suplementario.

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