Virginia Bolten

(Argentina 1870-Montevideo 1960) fue una militante feminista, con actuación en las ciudades de Buenos Aires y Montevideo. Virginia terminó radicándose en la zona norte de la ciudad de Rosario, en el barrio obrero que se había levantado en las cercanías de la Refinería Argentina de Azúcar, una gran planta industrial que se inauguró en 1889 y donde consiguió trabajo. Allí, se opuso a la patronal por las injusticias a las que sometían a los empleados. Trabajaban de sol a sol y ella empezó a arengar a todos para revertir esa situación. Era muy difícil hablar de sindicatos y de defensa de derechos. El que protestaba por algo era considerado anarquista y había que meterlo preso. Fue quien encabezó la primera marcha en la plaza López para conmemorar el 1º de mayo – Día del Trabajador, en conmemoración de los mártires de Chicago. Llevaba una bandera negra con letras rojas que rezaba: «Primero de Mayo, Fraternidad Universal. Los trabajadores de Rosario cumplimos las disposiciones del Comité Obrero Internacional de París». Luego de pronunciar un discurso revolucionario y difundir propaganda anarquista entre los trabajadores presentes, fue detenida bajo el cargo de atentar contra el orden social. Fue la primera mujer oradora en una concentración obrera. Fue echada de la Refinería por exigir mejores condiciones laborales para las mujeres. Participó como oradora en actos anarquistas y organizó la Casa del Pueblo junto a otros anarquistas, realizando eventos político-culturales, debates, discusiones, lectura de poesía y teatro para los obreros.

En 1902 se refugió en Uruguay y el 1 de Mayo participó de una manifestación en Montevideo por el Día del Trabajador, y como oradora denunció la Ley de Residencia que se había instaurado en Argentina, y la represión al movimiento obrero. Ese año participó también de un acto del Sindicato Portuario en el teatro San Martín (Montevideo).

En 1904 volvió a Buenos Aires y formó parte del Comité de Huelga Femenino organizado por la FORA (Federación Obrera Argentina), movilizando a los trabajadores del Mercado de Frutos de Buenos Aires. Esas febriles actividades causaron en Virginia Bolten un deterioro en su salud; sus compañeros del grupo de teatro germinal iniciaron una colecta en su beneficio.

En 1907, Bolten ―de 37 años― participó en la huelga de inquilinos como parte del Centro Femenino Anarquista. Fue arrestada, y como se hizo pasar por uruguaya, se le aplicó la Ley de Residencia y fue expulsada al Uruguay. En Montevideo se reunió con su familia, compuesta por Márquez y sus hijos pequeños. Se radicó definitivamente en la capital uruguaya. Su casa se convirtió en una base de operaciones de los anarquistas deportados desde Argentina.

En 1909 colaboró con el periódico anarcofeminista La Nueva Senda. En Montevideo organizó protestas por la brutal represión del 1 de mayo en Buenos Aires, donde las fuerzas policiales de Ramón Falcón asesinaron cerca de una decena de obreros. En ese año trabajó en la Asociación Femenina Emancipación, organizando a las mujeres anticlericales, a las operadoras telefónicas (en su mayoría mujeres) y activó contra las sufragistas femeninas.

Formó parte del grupo que apoyó el anarco-battlismo, anarquistas que apoyaban al régimen del presidente reformista uruguayo José Batlle y Ordóñez (1856-1929), que en su segundo mandato inició un inmenso programa de reforma:

  • separó a la Iglesia del Estado y la repartición pública,
  • eliminó los crucifijos de los hospitales,
  • quitó toda referencia a Dios y a la Biblia en los juramentos de funcionarios públicos,
  • otorgó derechos a los sindicatos y a los partidos políticos,
  • implantó el día laboral de ocho horas,
  • el sufragio femenino (fue el segundo país de América en legalizarlo, después de Canadá [1917]),
  • introdujo la asignación por desocupación,
  • legalizó el divorcio,
  • multiplicó las escuelas secundarias,
  • abolió las leyes de residencia de Uruguay (que se aplicaban contra anarquistas exiliados por la Ley de Residencia de Argentina),
  • llevó a cabo una campaña para quitarle el control de la industria y las tierras a capitalistas extranjeros (especialmente los británicos tenían una inmensa influencia en Uruguay).
  • nacionalizó varias empresas de capitales extranjeros y
  • nacionalizó varios monopolios privados uruguayos.

Poco se sabe de los últimos años de su vida.

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