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La paraguaya Susana Nuñez, pionera en fundar un club de fútbol en Sudamérica

Fuente: El País

Existen muchos huecos en la vida de Susana Núñez, pero conocemos su nombre porque quedó registrado en el acta de fundación del club Cerro Porteño. “En la ciudad de Asunción, capital de la República del Paraguay, a primero de octubre de mil novecientos doce, reunidos los abajo firmantes en la casa de la señora doña Susana Núñez…”, inicia el acta del club que crecería hasta convertirse en uno de los más importantes de Paraguay. Luego va nombrando uno a uno a los firmantes y Susana Nuñez no vuelve a aparecer.

En ese texto fundacional se nombra a cuatro hombres con el apellido Núñez: Nicanor, Antonio, Pastor y Abelardo, y la memoria del club los nombra como sus hijos. Por su apellido, se sabe que no era una mujer casada, ya que en esa época, las mujeres casadas utilizaban un “de” antes del apellido del marido para demostrar su estatus.

Ana Barreto, historiadora paraguaya y cerrista, supone que si era la dueña de la casa y no tenía apellido de casada, Núñez debió ser dueña de algún negocio. Es difícil imaginar esa situación 50 años antes de que las mujeres sean reconocidas ciudadanas en Paraguay, pero el acta parece confirmarlo.

Susana hoy puede ser leída como una mujer que rompió el molde. Antes que ella, solo hay registros de otra mujer fundadora de un club de fútbol en el mundo. En 1894, la activista Nettie Honeyball fundó el British Ladies Football Club. En Latinoamérica, Nuñez es la primera.

Barreto invita a acercarse a su figura a través de la época en la que vivió. En los primeros registros, y hasta hoy, la nombran como “doña Susana”, incluyendo a hombres que la conocieron. Eso permite suponer que ya era una mujer completamente adulta para ese momento. Alrededor de 45 años, propone Barreto.

De ser así, Nuñez fue una niña de la posguerra, nacida durante o luego de la devastadora Guerra de la Triple Alianza, donde Argentina, Brasil y Uruguay, países aliados, mataron a más de la mitad de la población paraguaya. La vida de quienes sobrevivieron esos años quedó profundamente marcada.

Vivió su adultez a inicios del siglo XX, momento en el que Paraguay sufrió una gran inestabilidad política, con ocho presidentes en una década. Ana Barreto cuenta que fueron años de incesantes intentos de golpe de estado. Y un año antes del nacimiento de El Ciclón, como se conoce al club, inició una guerra civil.

Al buscar la historia del club azulgrana, se repite que los colores fueron propuestos por doña Susana. El rojo y el azul son los colores de los dos partidos políticos principales de la época y que hasta hoy siguen ocupando el mismo lugar: el Partido Colorado y el Partido Liberal. Cuentan que Susana buscó unir los colores como un símbolo de paz en un momento de crisis en el país, sumando el color blanco en el pantalón que también representa la paz y completa los colores de la bandera paraguaya.

En una entrevista realizada en los setenta por Alfredo Seiferheld a Roque Medina, presidente del club en 1915, menciona que ella fue la inspiración de los colores. No recuerda de dónde salió el nombre de Cerro Porteño, pero asume que también fue gracias a ella.

Sin mucha información sobre quién lo bautizó y qué buscaba representar, la historia del club se construyó a partir de la batalla que sucedió en enero de 1811 contra las tropas dirigidas por Manuel Belgrano que buscaban someter a la provincia del Paraguay. El ejército porteño (como llaman a los habitantes de Buenos Aires) fue vencido en el Cerro Mba’e, ubicado en Paraguarí. Desde ese momento, el lugar pasó a ser conocido como Cerro Porteño.

Esta batalla ocurrió cuatro meses antes de la independencia del país y fue una demostración de que la provincia del Paraguay tenía suficiente fuerza como para emanciparse. Por eso se asoció el nombre a este hecho.

Barreto tiene otra hipótesis. La batalla de 1811 no fue la única que ocurrió ahí. En mayo de 1912, las faldas del Cerro Porteño fueron el escenario de otra contienda. El expresidente Albino Jara organizó un grupo de civiles armados y combatió contra las fuerzas del gobierno de Pedro P. Peña. La muerte de Jara en ese enfrentamiento de alrededor de 5.000 hombres fue el fin de la guerra civil.

Al reconstruir los pasos de esta guerra para un libro, a Barreto se le ocurrió la idea de que Susana Nuñez muy probablemente sintió el llamado del momento histórico. “En lo que están fundando, dejan el sello del presente. Los colores de los partidos políticos, el pantaloncito blanco poniendo paz y recordándole a todo el mundo que ante todo somos paraguayos”, comenta con emoción. En ese club de fútbol, que nació en octubre del mismo año, se materializó su sueño de que la paz llegue a la nación.

Barreto entiende que este hecho pudo haber pasado por alto en la memoria azulgrana porque en Paraguay sigue siendo difícil hablar de las guerras civiles. “Yo no sé si un hombre hubiese propuesto una cosa así (…) porque realmente el evento (la guerra civil de 1911) debió haber sido muy doloroso y debió haber sido de enfrentamiento con tu vecino”.

Núñez no fue la única que estuvo desde el principio. Roque Medina menciona a otras mujeres que cosían las camisetas y estaban en la cancha alentando al equipo. Nombra a “Matilde Pettengill, Elida Galeano de Troche, las González, doña Dolores y sus hijas de Jesús, Ramona, Dolores y Hermógena, Patrocinia Franco, Constancia Ríos (…) y tantos otros para quienes la memoria no basta, pero no por ello fueron olvidados por el club que tanto les debe”.

Fútbol femenino

Las mujeres paraguayas participaron en la fundación de un club y asistieron como espectadoras a numerosos partidos, pero no pudieron pisar el césped del campo de juego hasta los noventa. En 1980 se jugó un partido femenino durante el entretiempo entre los equipos de Olimpia y Guaraní. Al día siguiente, el entonces Consejo Nacional de Deportes envió una nota al presidente de Olimpia reclamando el hecho.

El decreto n.º 9.553 de 1960 mencionaba que “no se permitirá a las mujeres y los menores de edad la práctica de los deportes incompatibles con las condiciones de su naturaleza…”. Recién en 2006 se aprobó la nueva ley del deporte que dejó sin vigencia el decreto anterior.

De la primera camada de futbolistas destaca Irma Cuevas, erigida en la mayor goleadora de Paraguay, con 639 goles. En el fútbol masculino nacional, el récord lo ostenta Oscar Cardozo, conocido como Tacuara, con 423 goles.

Cuevas soñaba desde niña soñaba con ser futbolista profesional, pero las oportunidades aún no existían en el país. Viajó de su ciudad natal, Pirayú, a Asunción para estudiar y llegar a ser profesora de educación física, pero cuando llegó la invitación de la FIFA para impulsar el fútbol femenino paraguayo, ella no dudó en intentarlo.

Durante toda su trayectoria formó parte de clubes como Nacional, Universidad Autónoma de Asunción y también de la selección oficial.

Cuevas reconoce que nunca fue fácil sostenerse como profesional: siempre tuvo que compaginar el fútbol con otros trabajos porque el dinero no alcanzaba. Incluso hoy, cuenta, supone un desafío. Muchas futbolistas de primera división no perciben ni el salario mínimo, que ronda los 511 dólares. Muchas juegan sin contratos y su trabajo se sostiene por una mezcla de pasión, voluntad y redes de apoyo.

Sin saberlo, Susana Núñez sembró una semilla que tardaría décadas en germinar. Aunque parte de su historia fue borrada de la memoria, el nombre y los colores del club mantienen la fuerza de lo que ella soñó.

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