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Brasil: aprendiendo a tener una mujer al mando

Hace seis meses Brasil pasó a integrar el grupo de países latinoamericanos que han contado con una mujer en la presidencia de la República. Dilma Vana Rousseff (PT), de 63 años, es la primera representante del género que ocupa el cargo en el país. Luego de una campaña repleta de ataques y conflictos religiosos, ella salió victoriosa con el 56% de votos válidos, derrotando al adversario José Serra (PSDB). Su victoria representa un avance para la conquista de los derechos de las mujeres, sin embargo, todavía hay temas tabúes para la presidenta: aborto y homosexualidad.

El 31 de octubre de 2010, a los 63 años de edad, Dilma Rousseff fue electa la primera mujer presidenta de Brasil (ver perfil). No cabe duda de que la victoria representa un paso de avance para la conquista de los derechos femeninos en el país. Para la representante de ONU Mujeres Brasil y Cono Sur, Rebecca Tavares, la elección de una mujer representa, en primer lugar, un paso importante para la igualdad de géneros.

‘Aún nos queda mucho por avanzar, pero la elección de Dilma es tan importante como la de Michelle Bachelet en Chile, pues las dos llegaron al poder sin tener una relación de parentesco o representar la continuidad de un marido‘, evalúa Tavares.

Contrariamente al progreso del Poder Ejecutivo, la presencia femenina en el parlamento brasileño permanece estancada. ‘Hay solamente un 9% de mujeres en el Senado y 11% en la Cámara de los Diputados, y no faltan candidatas, pero pocas llegan al poder’, afirma Tavares. ‘Aún existe prejuicio. Brasil ocupa el lugar 180 en cuanto al número de mujeres en el parlamento y, así como toda América Latina, todavía tiene mucho que mejorar‘, concluye.

Según la profesora del departamento de Ciencia Política de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), en São Paulo, doctora en Ciencias Sociales Ângela Araújo, a pesar de los problemas, se hace necesario pensar en la elección de Rousseff como un paso de avance. Integrante del Núcleo de Estudio de Género (PAGU) de la Universidad, la socióloga recuerda que la participación femenina en la política brasileña sólo comenzó en 1934, cuando las mujeres conquistaron el derecho al voto. Con el pasar de los años la presencia femenina fue garantizada en las disputas electorales y, poco a poco, las mujeres llegaron a ocupar cargos públicos.

Ahora, al tratarse de una campaña para la Presidencia de la República, ésta fue la primera vez que contamos con una mujer con oportunidad real de ser electa‘, comenta la profesora.

Por otro lado, en relación a la elección de Rousseff, la socióloga afirma que el haber sido electa por representar un tipo de plan de gobierno y no por ser mujer, es bastante positivo. ‘A comienzos de la campaña se rumoreaba que ella no sería una candidata fuerte, otros decían que era demasiado dura, que parecía un hombre; pero con el tiempo el debate del plan de gobierno ganó fuerza y muchos electores no pesaron si era mujer o hombre, y sí valoraron que sería la mejor opción política‘, argumenta.

De todos modos, todavía sobrevuela la idea de que Rousseff fue electa más por representar la continuidad del gobierno de Luíz Inácio Lula da Silva (PT) que por ser mujer.

Más votos masculinos que femeninos

La analista política Rachel Meneguelo, también profesora de la Unicamp y directora del Centro de Estudios de Opinión Pública (CESOP) de la universidad, afirma que la victoria de Rousseff representó un anhelo de la población brasileña de continuar la política de gobierno de Lula que propone la reducción de las desigualdades y el aumento del consumo en el País.

La victoria de una mujer para la presidencia confiere puntos a una tendencia de superación de prejuicios y valores conservadores de la sociedad brasileña‘, opina Meneguelo.

La profesora destaca que los principales electores de Rousseff no fueron las mujeres, sino personas con nivel de renta y escolaridad bajos. ‘Las preferencias por Dilma fueron mayores en todas las edades y sexos, pero los datos por sexo merecen destacarse porque hubo una mayor preferencia por Dilma entre los hombres, lo que confirma que el significado de la mujer en la política nacional no fue un tema central en la campaña‘, argumenta.

La profesora afirma que estar entre las 11 mujeres electas para la presidencia de la República en América Latina torna la elección de Dilma bastante representativa. ‘El hecho de tener una presidenta que figura al lado del conjunto de mujeres jefas de estado en América Latina es de total importancia porque evidencia un progreso global de la política democrática en el continente.’

A pesar de la Ley de Cuotas, establecida en 1997, Brasil aún no cuenta con un número significativo de mujeres ocupando los espacios institucionales. ‘A pesar de que la ley instituya que el 30% de los puestos de candidatos de los partidos deben ser de mujeres, en 2010 solamente el 22% del total de candidaturas eran femeninas, siendo el 13% para la Cámara de Diputados y el 14,5% para las Asambleas Legislativas’, lamenta Rachel Meneguelo.

Además, ‘lo que venía pasando es que los partidos no conseguían cumplir esa cuota o la cumplían solamente para seguir la regla, generando candidaturas de mujeres sin visibilidad y ninguna oportunidad de elección’, valora Araújo.

A pesar de la dificultad, Meneguelo recuerda que las mujeres han alcanzado cargos ejecutivos en prefecturas y gobierno de los estados. ‘Ya tuvimos inclusive candidatas a presidente de la República en las elecciones de 1989, 1994 y 2002, pero eran figuras de pequeña expresión política con un desempeño débil. Lo que cambia en 2010 es que dos mujeres, Dilma y Marina Silva, eran candidatas con oportunidades electorales’, finaliza la especialista. Marina Silva fue candidata por el Partido Verde y, así como Rousseff, tuvo un pasado político asociado a la lucha contra la dictadura en Brasil.

Las mujeres esperan más espacio en el mercado de trabajo

Contar con una mujer como jefa de Estado generó muchas expectativas en relación al futuro de las brasileñas en el mercado de trabajo. Para la investigadora Araújo, la entrada y consolidación de la presencia femenina en el mercado de trabajo comenzó en Brasil desde los años 1970, con el cambio del Código Civil brasileño.

La mujer de la década de 1960 aún tenía como expectativa de futuro el casamiento y la maternidad. Hoy en día tenemos muchas mujeres casadas y con hijos que ocupan altos cargos‘, afirma Araújo. Inmediatamente después de asumir el mandato en enero de este año, Rousseff se comprometió a reforzar la presencia femenina en cargos de alto nivel y afirmó que el 30% de estos puestos serían ocupados por mujeres. La meta aún no fue cumplida, pero ministerios importantes como el de Cultura, Planificación y Medio Ambiente hoy son comandados por mujeres.

Cuestiones morales y prejuicios

Dilma Rousseff llegó al poder luego de una campaña repleta de ataques morales y religiosos y de manifestaciones prejuiciosas que incluían cuestiones relacionadas a los derechos de las mujeres y de la comunidad GLTB, especialmente la unión homosexual. La presidenta llegó a reformular opiniones para no perder la popularidad entre representantes de las iglesias y acabó decepcionando al movimiento feminista.

La vice presidenta del Centro Popular de la Mujer, entidad feminista que actúa hace 25 años en Goiânia, en la región central de Brasil, Lis Lemos afirma que la presidenta podría haber hecho mucho más por promover la igualdad de géneros. ‘Dilma, por ser mujer y aún más, por ser una mujer de lucha que tiene un pasado de defensa de los derechos humanos y de la libertad, dejó mucho que desear’, opina Lemos.

La legalización del aborto fue uno de los temas más polémicos de la campaña de Rousseff y aún hoy es tratado como un tabú. ‘La legalización del aborto es uno de los temas más polémicos y difíciles de debatir en Brasil. El sector evangélico creció en la última elección, y no solamente ellos, sino también los demas religiosos; y llevar a discusión la cuestión del aborto en términos de Derechos Humanos y salud pública aún es difícil’, comenta Lemos.

Lo que más incomodó al movimiento feminista fue el hecho de que la presidenta se haya reposicionado en diversas ocasiones en relación a la discusión de este tema, dando aún más espacio para ataques prejuiciosos. ‘No tengo dudas de que este asunto, de extrema importancia para las mujeres, que es el derecho a su propio cuerpo, la decisión de abortar y la posibilidad de hacerlo de manera segura, fue usado para atacar la campaña petista’, piensa Lemos.

‘Creo que mientras más derechos conquistamos, mientras más presente se hace el Estado laico, más fuerzas conservadoras tenemos, por lo general religiosas, que intentan obstaculizar lo que conquistamos‘, lamenta la militante. ‘La legalización del aborto está muy lejos de ser discutida por este gobierno. Falta mucho para avanzar, pero se hace necesario también recordar las conquistas, justamente para no olvidar lo que aún se nos niega‘, finaliza la periodista.

Como se ve, si bien es positiva, la presencia de una mujer como jefa de Estado aún no es capaz de asegurar un avance significativo en la lucha por la igualdad de géneros en Brasil.

Más información: Primera mujer presidenta de Brasil

*Traducción: Rita Elena Melian Zamora

Este artículo se enmarca dentro del proyecto América Latina en perspectiva de género II, que se realiza con el apoyo del C3, la unidad regional de análisis de la comunicación para América Latina de la Fundación Friedrich Ebert Stiftung (FES) de Colombia, en asociación con el área de género de la FES GENERO y la Asociación Civil Artemisa Comunicación en Argentina.

Con él, buscamos producir y difundir notas de autor(a), con enfoque de género, de 15 países de América Latina. Para eso contactaremos a 15 periodistas de distintos países del continente para que relaten con personalidad y sensibilidad un aspecto de lo que sucede en sus países.

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