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Invisibles delante y detrás de cámara

Las mujeres de la industria del cine y el audiovisual reivindican su presencia en puestos directivos. Este año, la cineasta Josefina Molina pasará a la historia por ser la tercera mujer, y la primera no intérprete, que recibirá el Goya de Honor.

Para más señas, en 25 años este certamen sólo ha concedido a dos mujeres el galardón de Mejor Película: a Icíar Bollaín en 2004 por Te doy mis ojos y a Isabel Coixet, dos años después, por La vida secreta de las palabras. En Estados Unidos, Kathryn Bigelow se convirtió en 2010 en la primera mujer en recibir un Oscar a la mejor dirección por su película En tierra hostil. Igual que el Festival de Cannes, donde Jane Campion (El piano) se hizo con la única Palma de Oro otorgada a una mujer directora.

Este paseo por los certámenes que premian los proyectos cinematográficos demuestra que el cine aún es cosa de hombres. La brecha de género en esta industria es uno de los capítulos que integran el informe Mujeres y Cultura. Políticas de Igualdad, elaborado por el anterior Ministerio de Cultura y cuyas conclusiones alertan de que «la visibilidad de las mujeres está por debajo de su participación real en el mundo de la cultura».

Inés París, presidenta de la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA), traduce esta afirmación en cifras, extraídas del libro Cine y género en España (Cátedra, 2010), dirigido por Fátima Arranz: «Entre 1999 y 2008, de 1.256 películas estrenadas, sólo 83 fueron dirigidas por mujeres (6,6%). Entre 2000 y 2006, de 871 películas, apenas un 15% fue escrito por una mujer y alrededor de un 20% fue producido por una empresa productora que tuviera al frente a una mujer».

En el informe del Ministerio de Cultura, París denuncia que «la división sexual del trabajo en el cine es enormemente tradicional». Los hombres acaparan las funciones artísticas, directivas y técnicas y las mujeres son mayoría en vestuario, peluquería y maquillaje. «Es decir, hay muchas mujeres trabajando en la industria del cine, pero no están en los puestos directivos (dirección-guión-producción), que es donde se decide qué se cuenta y cómo».

De hecho, el informe del Ministerio, que analiza el panorama cinematográfico entre los años 2000 y 2006, revela que las directoras de cine no representan ni el 10% del total del colectivo. Las guionistas llegan al 15% y las productoras sólo alcanzan el 10% del total. Otro dato relevante es el escaso 10,4% de mujeres que se cuentan entre los realizadores debutantes.

«En la década de los noventa ese porcentaje llegó a ser del 17,08%», remarca París, que asocia ese crecimiento a la llamada ley Miró de subvenciones anticipadas y de protección a la cinematografía española. Ese decreto, que acabó con el destape de los ochenta y apostó por un cine liberal de estilo europeo, provocó un boom de nuevos realizadores, entre los que había numerosas mujeres. ¿Qué pasó con esa generación? «De todas esas directoras incorporadas en los años noventa la mayoría sólo ha conseguido dirigir una película en 20 años», denuncia París en el informe.

Protagonistas

La discriminación no sólo se vive tras la cámara, sino también delante. CIMA denuncia que las películas dirigidas por hombres otorgan el protagonismo a personajes masculinos en un 80% de los casos y muestran a las mujeres como seres «pasivos, que no tienen vida al margen de su relación con el varón y que no se comunican con otras mujeres». En las películas realizadas por directoras, aunque en un 70% de los casos están protagonizadas por una mujer, los personajes son «más complejos, ricos y realistas que los de las cintas dirigidas y escritas por varones», asegura París.

«Es evidente que las mujeres contamos otras cosas«, señala Mareta Espinosa, miembro de la asociación MAV (Mujeres en las Artes Visuales). «El arte que recibimos, elaborado mayoritariamente por hombres, nos da una información sesgada que no responde a la realidad», añade.

Para poner solución a esta brecha, la Ley 55/207 del Cine, de 2008, obliga a establecer «medidas de fomento de la igualdad de género en el ámbito de la creación cinematográfica y audiovisual» para que sea «un factor a tener en cuenta en la concesión de ayudas».

Además, el pasado mes de noviembre, el ICAA (Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales) creó una nueva categoría en la calificación de películas llamada «especialmente recomendado para la igualdad de género». Inédita en el ámbito internacional, esta nueva categoría busca fomentar y reforzar ese valor.

CIMA considera «cruciales» estas acciones positivas, pero difiere en varios puntos con el ICAA, ya que «sigue sin tener en cuenta a las mujeres productoras», critica París. Las políticas de igualdad en las televisiones públicas son otro caballo de batalla: «Hacer cine sólo es posible si una cadena adquiere los derechos de emisión de una película», recuerda la cineasta.

Al margen de los detalles, la solución de fondo es, según París, considerar la escasa presencia de mujeres en los puestos directivos del cine como «un problema social y económico porque implica un desperdicio de capital humano y talento».

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