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Las mujeres rurales y su participación en el desarrollo

Lo que sigue a continuación son algunas reflexiones que me gustaría compartir, y que surgen a partir de la investigación que acabamos de realizar y que fue nuestra tesis de Doctorado “Capital social, participación y ciudadanía en el medio rural. Una perspectiva de género”.
Desde hace un par de décadas se ha originado un importante debate teórico sobre qué es lo rural y qué lo diferencia de lo urbano. Cada vez más las transformaciones operadas en el campo, debido entre otras cosas a los procesos de globalización y a la introducción de las nuevas tecnologías en el medio rural han dejado obsoletos los antiguos enfoques que veían lo rural como opuesto a lo urbano, otorgándole al campo una visión con connotaciones negativas, de atraso y conservador. En esa vieja concepción –además- se daba una asociación automática entre lo rural y la actividad agrícola.

Ahora desde nuevos enfoques se advierte que el medio rural es un espacio diverso y complejo, con una total interrelación e interdependencia con el mundo urbano. Se desarrollan múltiples actividades como la muy “de moda” turismo rural. Además el acceso a la tecnología y las comunicaciones han producido cambios muy importantes.
Dentro de este contexto se verifica en las pequeñas comunidades rurales, el surgimiento de diferentes organizaciones e instituciones que cuentan en su interior con una significante participación femenina. Estas organizaciones y grupos realizan una importante labor comunitaria colaborando así a que las comunidades se desarrollen. Sin embargo, ¡qué sorpresa! las tareas desempeñadas por las mujeres en este sentido (que son muchas) no son valoradas y tienen muy poco reconocimiento social.
En este punto es importante hacer algunas consideraciones sobre el concepto de desarrollo que manejamos en nuestra investigación. Las distintas teorías sobre el desarrollo tradicionalmente fueron asociadas a teorías de “crecimiento económico”. Sin embargo le dieron menor énfasis a otros componentes que los distintos “modelos” de desarrollo proponen (según su orientación). Así es que no fueron suficientemente tratados algunas importantes dimensiones del desarrollo como son: la equidad, la diversidad, los recursos ambientales, pero sobre todo algo fundamental: ¡las personas! Esto es, los sujetos no sólo somos destinatarios del producto que genera el desarrollo, sino que somos un componente esencial en su producción.
Las mujeres en el medio rural, al participar y trabajar en distintas organizaciones y grupos de la comunidad –desde las más institucionalizadas como la escuela, hasta los grupos más informales- están construyendo redes de cooperación y apoyo, lo que algunos autores han llamado “capital social” que son espacios donde se construye ciudadanía y además literalmente se “producen” beneficios y recursos para el desarrollo.
Hasta hace unos años debíamos defender y hacer conocer la situación de las mujeres rurales. Ellas, además de realizar un importantísimo trabajo de reproducción social cuidando a los niños y realizando las tareas domésticas, participaban con un trabajo de tipo productivo en sus predios por el cual no recibían ni ingresos ni reconocimiento. Hoy debemos agregar –además- que tienen una activa colaboración para con su comunidad a través de su participación en grupos y organizaciones desempeñando un rol fundamental en lo que es el desarrollo local.
Eso es lo que se desprende de una encuesta realizada en el marco de la investigación antes citada en dos localidades ubicadas una en Uruguay (San Pedro); y otra en Brasil (Santa Cruz do Sul). Allí demostramos que un 54% de las mujeres entrevistadas participaba en algún grupo u organización. Mayoritariamente ellas se concentran en grupos asociados a las escuelas rurales, grupos de padres, grupos pertenecientes a Parroquias o Iglesias, o grupos de vecinos y algunas cooperativas. El 69% de las mujeres encuestadas destina 4 horas semanales a estos grupos u organizaciones mientras que un 22% le destina entre 5 y 10 horas por semana. Esto confirma una predisposición y un grado de compromiso muy importante de estas mujeres con sus comunidades.
Sin embargo –y como una de las conclusiones más importantes del trabajo- estas tareas tienen muy poco reconocimiento y valoración por el conjunto de la sociedad. Los grupos de productores, las gremiales agropecuarias, las cooperativas comerciales, y otras entidades más vinculadas con el poder y la visibilidad pública congregan en su mayoría a los hombres. Además sus representantes y directivos también son hombres. Vemos –nuevamente- desplazadas de los lugares de mayor proyección a las mujeres, que han sido ubicadas y participan en grupos y organizaciones de vital importancia para el desarrollo, pero de menor visibilidad y reconocimiento público.
Ojalá desde donde se toman decisiones y diseñan los proyectos de desarrollo rural se tome debida cuenta de esto.

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