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Amalia Celia Figueredo

Fuente: La Nación
Autor: Daniel Balmaceda

Por los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo, en 1910 llegaron los primeros aviadores al país. Eran franceses e italianos. Si bien los vuelos eran a baja altura -alrededor de treinta metros-, muchos entusiastas se anotaron en el curso para obtener la licencia de piloto. Los primeros argentinos en recibirse fueron Florencio Parravicini, Juan Alberto Roth y Jorge Newbery.

Entre las mujeres, la pionera fue Amalia Celia Figueredo, una rosarina (nacida el 18 de febrero de 1895) que ya había dado muestras de que no pensaba pasar desapercibida. Estudió obstetricia en la Facultad de Medicina de Buenos Aires y también música en el instituto de los hermanos Conrado y León Fontova.

Sin embargo, las demostraciones de los pilotos aéreos la llevaron a realizar algunos vuelos con los especialistas en el aeródromo de Villa Lugano, del cual era vecina. Jorge Newbery la alentó para que fuera piloto. Comenzó el curdo en Villa Lugano. El único inconveniente es que la mayor parte de la instrucción se hacía en tierra. Y ella quería volar. Por ese motivo, resolvió inscribirse en la Escuela de Aviación, en el de San Fernando, en mayo de 1914, cuando ya había cumplido los 19 años. Allí, casi toda la enseñanza se hacía en el aire.

Su instructor fue el célebre piloto francés, Marcel Paillete. Estaba en buenas manos. Hasta que el estallido de la Primera Guerra Mundial alejó de Buenos Aires al instructor, ya que partió a sumarse a las filas de la incipiente Fuerza Aérea francesa. A cargo de las clases quedó su alumno más aventajado: el uruguayo Ricardo Detomasi, 23 años, oriundo de Mercedes.

Lo curioso es que Detomasi había rendido su examen en mayo y al mes se convertía en instructor de vuelo. Con toda la buena voluntad del mundo, pero sin la experiencia necesaria.

Ese detalle no preocupó a Amalia. Ella quería volar. Mientras recibía las lecciones, se hizo construir un avión a su medida. Sumaba horas de vuelo en ambos aeródromos, hasta que Detomasi, la instó a rendir su examen. Fue el 6 de septiembre. Pero tuvo un leve accidente por una falla mecánica. A pesar del contraste, decidió insistir.

En la mañana del 1 de octubre de 1914, en San Fernando, subió al biplano Farman de 50 caballos de fuerza para ubicarlo en la pista, ante la atenta mirada de los dos examinadores del Aero Club Argentino: el ingeniero alemán Carlos Irmscher y el chileno Carlos Francisco Borcosque. Irmscher, vocal del club, había ocupado el lugar de Alfredo L. Palacios, quien cedió su cargo, alegando falta de tiempo para ocuparse.

El avión se elevó y comenzó la evaluación. La primera prueba consistía en hacer «ochos» alrededor de dos pilotes separados por quinientos metros de distancia. Fueron en total diez «ochos» que dibujó en el aire. Los primeros cinco que realizó le demandaron 8 minutos y 32 segundos. Los cinco restantes, 8 minutos y 21 segundos. Una vez resuelto el vuelo de los ochos, debía elevarse y apagar el motor para bajar planeando. La maniobra de Amalia no fue perfecta, pero se aproximó mucho a la altura que se había determinado para mantenerlo en planeo.

Los examinadores la felicitaron. Ese jueves, Amalia Celia Figueredo se convirtió en la primera argentina que obtuvo el brevet de piloto Nro. 58. Los diarios nacionales se ocuparon del tema y la noticia despertó mucha curiosidad. Recordemos que para esa fecha, las mujeres ya tramitaban su licencia de conducir, pero era extraño ver a alguna de ellas manejando por la calle. Pero Amalia no tenía su licencia de adorno. Por ese motivo, el Jockey Club cedió las instalaciones del Hipódromo de Belgrano (ocupaba los terrenos del actual barrio River y el estadio del club homónimo) con el fin de permitir que la señorita Figueredo realizara algunas destrezas para el público.

La cita fue el segundo domingo de octubre. El joven Detomasi fue el encargado de llevar el biplano desde San Fernando a Belgrano. Lo aterrizó en la pista, donde lo dejó a disposición de la aviadores rosarina. A las tres de la tarde, ante una numerosa concurrencia que acercó al hipódromo, Amalia despegó mientras recibía una ovación. El más entusiasmado era el instructor Detomasi. Este buen piloto no estuvo muchos más tiempo: en noviembre, enfrentado con las autoridades del aeródromo de San Fernando, renunció. Al poco tiempo, regresó a Mercedes. Murió en un accidente aéreo, en junio de 1915.

En cuanto a su discípula, en marzo de 1915 decidió salir a volar por el país. Su primer destino fue Rosario, su ciudad natal. Su carrera como aviadora llegó a su fin cuando se casó en 1916 con Alejandro Pietra. Enviudó en 1928, pero no volvió a volar: se dedicó a la crianza de sus hijos. Sí obtuvo premios y distinciones en todo el mundo hasta sus últimos días, en octubre de 1985.

Amalia Figueredo fue la primera aviadora argentina. ¿La segunda? Enriqueta Fruchard.

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