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Ceci Hace, la humorista argentina que invirtió los roles para poner al machismo en evidencia

Ella interrumpe, explica lo obvio, corrige, subestima. Habla como si supiera más que todos, llevando el ‘mansplaining’ hasta el absurdo. “Ellos siempre quieren decirnos cómo hacer las cosas”.

 

“¿Querés que me ponga la camiseta de Francia y vamo’ a los penales? Mirá qué lindo… esas piernitas. ¿Dónde jugás vos, papi? ¿Arriba o abajo?“

Los jugadores se ríen, algunos se incomodan, otros bajan la mirada. La mujer que les habla desde la tribuna no está coqueteando. Está actuando. Cada frase reproduce exactamente lo que millones de mujeres escucharon alguna vez en una cancha, una calle, un gimnasio o un taller mecánico. Solo que esta vez los papeles están invertidos.

Ese es el secreto de Cecilia Cañizares, más conocida como Ceci Hace, la humorista que logró convertir la inversión de los roles de género en uno de los fenómenos más originales de las redes sociales argentinas. En sus videos ella les grita “piropos” a los hombres, les explica cómo manejar una moto aunque sepan más que ella, les enseña a arreglar un calefón sin que nadie se lo haya pedido, invade espacios personales, habla con un tono paternalista y hasta hace comentarios sobre sus cuerpos. No inventa nada. Apenas devuelve, como un espejo deformante, conductas que durante décadas fueron naturalizadas cuando los protagonistas eran varones.

La incomodidad produce primero una sonrisa. Después, una pregunta. ¿Por qué cuando una mujer hace exactamente lo mismo que muchos hombres hicieron durante años resulta tan absurdo? La respuesta aparece en los millones de reproducciones, en los debates interminables debajo de cada publicación y en una comunidad que no deja de crecer.

Lo que empezó como una serie de videos caseros terminó convirtiéndose en un fenómeno que trascendió las redes sociales. Este año hizo una gira por España junto al humorista Nahuel Ivorra con el espectáculo Te pido mil disculpas, agotando funciones en distintas ciudades. También fue invitada al programa Al cielo con ella, donde le explicó a su conductora, Henar Álvarez, por qué decidió hacer humor desde la perspectiva de género.

En Argentina, sus shows de stand up suelen agotar entradas y sus personajes ya forman parte del lenguaje cotidiano de miles de seguidores que encuentran en sus videos una manera diferente de hablar sobre desigualdad.

De la pandemia a la comedia

Cecilia tiene 43 años, vive en Ciudadela y durante más de quince años trabajó en marketing digital, diseñando estrategias para grandes empresas en plataformas como Google, Meta y LinkedIn. Empezó a estudiar stand up en 2016 con Félix Buenaventura, pero fue después de la pandemia que decidió apostar seriamente al escenario. “Recién ahí me hice cargo de que la comedia era lo mío”, recuerda. En 2023 abrió su cuenta de Instagram convencida de que podía trasladar el humor a las redes. La primera idea fue bastante distinta a la que terminaría haciéndola famosa. “Ya tenía ganas de imitar a los hombres. Incluso me ponía bigotes para que se notara que estaba haciendo un personaje masculino. Pero la verdad es que no funcionó demasiado”, cuenta.

‌Entonces apareció una idea mucho más potente. No iba a disfrazarse de hombre. Iba a seguir siendo mujer, pero iba a actuar como muchos hombres actúan todos los días. El primer video que estalló fue uno grabado junto al humorista Nahuel Ivorra en una cancha de fútbol. “Empecé a tirarle piropos, cambiando completamente los roles. La idea de ser mujer y actuar como un hombre gustó muchísimo. Ese video tuvo más de cinco millones de reproducciones y explotó todo”, recuerda.

Desde entonces hace personajes en talleres mecánicos, estaciones de servicio, gimnasios, ferreterías, bares, partidos de fútbol, bicicleterías y cualquier espacio históricamente asociado a la masculinidad. Ella interrumpe, explica lo obvio, corrige, subestima. Habla como si supiera más que todos, llevando el mansplaining hasta el absurdo. “Ellos siempre quieren decirnos cómo hacer las cosas”, dice riéndose.

“Todo sale desde la bronca”

Con el paso del tiempo, los temas de sus videos se volvieron cada vez más profundos, más incómodos. Ya no hablaban solamente del plomero o del motoquero que subestima a una mujer. Empezaron a aparecer los padres que no pagan la cuota alimentaria, las falsas denuncias, la salud mental masculina, la violencia económica y los mandatos que pesan. “Fue algo completamente natural. Al principio hacía situaciones más ligadas al taller mecánico, la cancha de fútbol o los motoqueros. Pero después sentí que ya había cubierto ciertos temas y había que empezar a hablar de otros”, explica.

“La chispa aparece cuando algo me parece profundamente injusto. En lugar de ir a X a enojarme, hago un video. Todo sale desde ese lugar. Desde la bronca y la sensación de injusticia.” Pero hubo un video que la sorprendió incluso a ella. Era el de una mujer divorciada que hablaba con ironía de un padre que no paga la cuota alimentaria mientras exhibe una vida de lujos: “Yo no soy una mujer divorciada ni tengo hijos. Pero tengo muchas amigas que sí, y también mi excuñada, con la que hoy tengo más relación que con mi propio hermano. Ellas me cuentan situaciones que me parecen completamente insólitas. Ahí encuentro las historias”.

Lo que no imaginó fue la repercusión. “Pensé que iba a ser un video más. Pero explotó. Ahí entendí que había un tema del que casi nadie estaba hablando desde el humor. Y muchas mujeres, por primera vez, pudieron reírse de algo que en realidad les hace muchísimo daño.” Ese parece ser uno de sus grandes secretos. Vuelve visibles problemas complejos, sin ridiculizar a las víctimas, sino a quienes ejercen el poder: “Siempre hay que reírse del que está arriba. Nunca del que está abajo”, repite.

Su humor nace de la observación cotidiana. Y aunque a veces sus videos parecen exagerados, es lo que ocurre en la vida real. Las mujeres se identifican inmediatamente y lo dejan por escrito en los comentarios de las redes: “Parece exagerado, pero es pura verdad”; “Tan real que duele”; “Nos reímos porque lo vivimos”. “Las mujeres entienden enseguida el código. Saben perfectamente de qué nos estamos riendo. En cambio, muchos varones sienten que simplemente estoy haciendo una parodia simpática de ellos. No sé si llegan a ver la crítica. Ojalá que sí”.

Esa capacidad para generar conversación fue reconocida hace pocas semanas por la Legislatura porteña, que declaró de Interés para la Promoción y Defensa de los Derechos de las Mujeres a la cuenta de Instagram @cecihace. Para la humorista, el reconocimiento tuvo un significado especial: “La sorpresa vino cuando me di cuenta de que lo que subía no era un caso aislado. Le pasaba a millones de mujeres. Sin buscarlo, terminó formándose una comunidad”.

El desafío: no retroceder

Cecilia cree que el mundo atraviesa un momento de resistencia frente a los avances logrados por los movimientos feministas. “Tengo la sensación de que estamos viviendo una etapa en la que primero hay que defender los derechos que conseguimos. Ojalá podamos seguir conquistando más, pero hoy siento que el desafío es no retroceder ni un milímetro”. Uno de los videos que más repercusión tuvo recientemente fue el que ironiza sobre las llamadas “falsas denuncias”, un tema instalado con fuerza en algunos sectores políticos y que ya tiene un proyecto de ley en el Congreso de la Nación.

“Me enojó muchísimo porque no tiene ningún sustento estadístico. Del cien por ciento de las mujeres asesinadas por femicidios, apenas una de cada cinco había hecho una denuncia previa. El problema no es que sobren denuncias; el problema es que faltan. Hay que incentivar que las mujeres denuncien, no desalentarlas”, asegura.

Para ella, el humor también sirve para discutir los mandatos que pesan sobre los hombres. Y esa es una parte de su trabajo que muchas veces pasa desapercibida. “Se cree que el feminismo es un tema solamente de mujeres, y para mí no es así. Los hombres también cargan con un montón de mandatos: tienen que ser fuertes, no llorar, proveer, no mostrar emociones, no ir al psicólogo porque eso parecería una debilidad. Todo eso también es machismo”.

Por eso rechaza la idea de que el feminismo excluya a los varones. “Feminista puede ser perfectamente un hombre. Igual que una mujer puede ser machista. El feminismo busca terminar con una desigualdad que perjudica a los dos géneros, aunque de maneras distintas. Ojalá ya no hubiera que seguir explicando algo tan básico en 2026”.

 

Fuente:El País
Autora: Mariana Iglesias

 

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