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Examinando conceptos: Evaluación Feminista y Enfoque de Género

En un reciente artículo1, la académica y evaluadora feminista Donna Podems plantea un tema de importancia para quienes trabajamos en el fortalecimiento de organizaciones con enfoque de género: la necesidad de aclarar las diferencias entre la evaluación feminista de programas y proyectos y el análisis de género, identificando dónde hay divergencias entre estos dos enfoques y dónde ellos se cruzan. Después de una revisión bibliográfica, Donna ilustra con un ejemplo de Namibia, África, cómo se combinaron los dos enfoques, complementándolos con otras técnicas evaluativas, para construir un fuerte marco de evaluación de una organización dedicada a la defensa de las trabajadoras sexuales y a la despenalización del trabajo sexual en ese país.

Ya sea como evaluadoras o como gestoras y participantes de programas de cambio social, es pertinente conocer estas diferencias aclaradas en el artículo y entender cómo una combinación adecuada de estos enfoques nos puede ayudar a construir marcos de referencia efectivos para evaluar programas y organizaciones, o para medir la eficacia de nuestro trabajo en pro de los derechos de las mujeres y de la igualdad de género.

La evaluación feminista, por un lado, sigue la teoría feminista que invita a “cuestionar la autoridad, revisar los asuntos de género, examinar las vidas de las mujeres y promover el cambio social” (Denise Seigart, 2005). Se basa en que las desigualdades de género conducen a la injusticia social; aplica el principio de que la discriminación o desigualdad basada en el género es sistémica y estructural. También se apoya en conceptos teóricos sobre la creación del conocimiento: éste debe ser un recurso de y para la gente que lo crea, lo sustenta y lo comparte. Asimismo aplica el principio que la evaluación es una actividad política, y que las interacciones, experiencias, perspectivas y características que las/los evaluadores aportan a la evaluación, les llevan a posturas políticas.

Por lo tanto una evaluación feminista les da voz a personas de diferentes contextos sociales, políticos y culturales, fomenta el diálogo con personas que no necesariamente están en los círculos de poder, y enfatiza la importancia de escuchar y valorar las múltiples voces que la diversidad de mujeres aporta a la evaluación. Reconoce que las mujeres pueden tener explicaciones alternativas a las de los hombres en cuanto a la realidad y al conocimiento (Gilligan, 1982; Stanley & Wise, 1993). Finalmente, los procesos y hallazgos de una evaluación feminista deben buscar el cambio social (Oleson, 2000), su motivación debe ser impactar positivamente la provisión de justicia social para las mujeres y para otros grupos de personas menos favorecidas. En este sentido, el/la evaluador/a se convierte así en activista, proporcionando información que permita generar políticas para atender efectivamente las desigualdades que crearon la necesidad de los programas sociales.

En cuanto al enfoque de género en la evaluación, se examina la evolución de los enfoques de desarrollo que buscan cambiar las vidas de las mujeres, partiendo de las intervenciones dirigidas al bienestar (Mujeres en el Desarrollo, MED) hasta llegar al enfoque de Género y Desarrollo (GYD), el cual se basa en la interconexión entre género, clase, raza, y la construcción social de las características que las definen. Bajo este enfoque, las relaciones de género son una categoría analítica. Una evaluación con enfoque GYD: (1) investiga las condiciones materiales y la posición social de las mujeres; (2) explora las estructuras patriarcales e identifica las ideas que definen y mantienen la subordinación de las mujeres. El/la evaluador/a también considera y explora las relaciones entre hombres y mujeres.

Se concluye que la combinación de los dos enfoques permitió diseñar e implementar una útil evaluación. El marco feminista influyó en el diseño al resaltar la importancia de escuchar voces múltiples y de las de personas menos privilegiadas, y motivó el uso de los resultados para una causa política y de justicia social. El enfoque de género fue útil para categorizar a las personas y para definir las preguntas de la evaluación, enfocándose en describir las vidas de las mujeres pero no en cambiarlas. La autora menciona el reto que para ella significó introducir el término “feminista” en el diseño de la evaluación ante la directiva del programa evaluado, la forma creativa en que resolvió este problema y cómo utilizó otros enfoques complementarios.

Sin profundizar en la detallada comparación e ilustración del caso que presenta el artículo, éste nos llama a reflexionar sobre las preguntas que ya se vienen discutiendo en los círculos evaluativos y en los movimientos de mujeres: ¿Nos sirven realmente los marcos actuales de monitoreo y evaluación para captar el cambio en las realidades de las mujeres? 2 ¿Cómo medir el cambio social en el contexto del trabajo a favor de los derechos de las mujeres, su empoderamiento y la igualdad de género? Éste podría ser tema de otro editorial; mientras tanto el artículo de Podems nos debe servir como un llamado a la acción para combinar creativamente las herramientas actuales para monitorear y evaluar nuestro trabajo, buscando el impacto dentro de la compleja dinámica social en la que nos movemos.

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1 Donna R. Podems (2010). Feminist Evaluation and Gender approaches: There’s a difference? (Evaluación Feminista y enfoques de Género: ¿Existe una diferencia?). Journal of Multidisciplinary Evaluation, Vol. 6, No. 14.
http://survey.ate.wmich.edu/jmde/index.php/jmde_1/article/view/199/291

Srilatha Batliwala y Alexandra Pittman. Capturing change in women’s realities: The challenges of monitoring and evaluating our work (Captando el cambio en las realidades de las mujeres: Los retos de monitorear y evaluar nuestro trabajo). Citado en AWID, Notas de los Viernes, 4 de diciembre 2009: Los peligros del monitoreo y la evaluación: ¿Nos sirven realmente los marcos actuales?

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