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Territorios conquistados

Cuatro mujeres de distintas disciplinas opinan sobre los avances femeninos tras un siglo de lucha. El sexo, la madurez, la independencia económica y las nuevas líderes políticas. Silvina Fredjkes es guionista de Graduados y también del unitario Socias; Diana Raznovich es humorista gráfica y dramaturga, autora de Mujeres Pluscuamperfectas, de Mujer; Lidia Heller es investigadora en términos de género, trabajo y liderazgo femenino; Alejandra Sánchez Cabezas es médica ginecóloga, especialista en Salud Comunitaria y directora de la Asociación Proyecto Surcos.

¿Cuál es el derecho más importante conquistado?

Lidia Heller: Algunas dicen que el lavarropas (risas). En realidad, son todos los derechos que tienen que ver con la capacidad de ser autónomas y poder decidir. Los estudios sostienen que la píldora anticonceptiva marcó un hito en la historia de la mujer. A partir de allí, hubo muchísimos avances pero aún queda mucho por delante. Con respecto a la autonomía económica, hay notables logros si vemos la participación laboral de la mujer. Sin embargo, en América latina hay un 30% que no puede generar su propio ingreso. También logramos ser ciudadanas de primera. Si uno piensa que tuvimos el derecho al voto en el año 51, la patria potestad compartida en el 85, el divorcio vincular en el 87.

Silvina Fredjkes: Me parece increíble lo de la patria potestad. Yo soy divorciada y tengo hijos y me parece imposible pensar que ellos pudiesen depender solo de las decisiones de su padre.

Diana Raznovich: Coincido en la importancia del derecho a decidir sobre tu propio cuerpo, la posibilidad de divorciarte, de votar, el derecho a la educación, algo que fue vedado a la mujer durante muchísimos años. Y como dijo Virginia Wolf, “el derecho al cuarto propio”, a poder cerrar la puerta, tener un espacio creativo, ser protagonista de tu propia vida.

Silvina: (ríe) ¡Cómo explicárselo a los niños! Yo trabajo muchas horas por día y no estoy dispuesta a renunciar a estar con los chicos: llevarlos a la escuela o a tenis. Tengo una maternidad muy activa, pero al trabajar en casa y tener ese cuarto, ellos me interrumpen todo el tiempo, y lo entiendo. Voy encontrando los espacios para cumplir con todo. Creo que las mujeres venimos preparadas para ser multiprocesadoras. Nací en el 68 y esos derechos que mencionaron, ya los tengo incorporados.

Lidia: Y tus hijos también los tienen incorporados, aunque interrumpan y golpeen la puerta. Una vez me preguntaron qué pensaban mis hijos de que yo trabajara y yo les respondí que ellos no conocen otro modelo. Hay que acostumbrar la mirada y el cuarto propio se va construyendo.

¿Cómo se vive la seducción a partir de los 40?

Alejandra Sánchez Cabezas: Yo, como médica, veo en el consultorio mucho histeriqueo.

Silvina: La mujer de hoy no se pregunta sobre la seducción, va para adelante. También hemos conquistado la cultura del goce, que contagia a las generaciones más grandes, y eso está muy bueno. Hoy hay muchísimas mujeres que se animan a averiguar sobre el placer, se atreven a entrar a un sexshop. Y ya no es tan raro que una mujer tenga un vibrador en su mesa de luz.

Lidia: Hay un avance en la seducción, ya no se espera que sea el hombre el que elija. Pero el tema de la maternidad sigue siendo un tema fundante.

Diana: Creo que hay un prestigio del dolor y el sufrimiento. La Biblia dice “parirás con dolor” y al varón “ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Hay una diferencia, sobre todo porque lleva implícito que él va a ganar al pan. Gana algo y el sudor no duele nada. El destino sufriente femenino marcado en todas las religiones patriarcales, es muy difícil de revertir. En Occidente, si bien el varón colabora con la crianza, ayuda, se hace cargo. El rol principal de cuidadora lo ocupa la mujer.

¿Y desde los guiones, cómo se ve el universo femenino?

Silvina: Cambió mucho. Esa heroína que padecía a la espera del príncipe azul, ya no existe. La mujer busca un par, eso se refleja. Los hombres de la ficción hoy escuchan, participan de la crianza de sus hijos. Y aparece esta mujer urbana, activa, que va tras su deseo. Ese es el cuento final. La mujer está complicada, con muchas contradicciones, superficial y profunda a la vez.

Hoy encontramos mujeres en la cima del poder. ¿Es un avance ventajoso? ¿En qué nos beneficia?

Alejandra: Los modelos sociales son clave. En mi caso particular, me costó mucho liderar. Los hombres que dependían de mí me decían “pobre tu marido…” Eso pasó durante mucho tiempo. Me decían jefa pero con un tono muy despectivo. Y también me costaba con las mujeres, no entendían que yo podía ser su amiga, pero que lideraba una organización y debía tomar decisiones. Fue muy difícil. A mí me encanta que haya mujeres líderes.

Lidia: Algunas nos van a gustar más que otras. Hay una filósofa española, Amelia Valcárcel, que habla del “derecho al mal”. Esperamos que las mujeres que hoy están en el poder no sean tan mal líderes como algunos hombres, pero tienen el derecho a serlo. Lo interesante es que se acostumbra la mirada. Nuestros hijos tendrán otros modelos. A mí me gustan las líderes que llegan por nombre propio. Para América Latina este es un momento excepcional, más del 40% de la población está conducido por una mujer. En Brasil, Dilma Rousseff; en Argentina, Cristina; y en Costa Rica, Laura Chinchilla.

Muchos dicen que la mujer se masculiniza cuando llega al poder.

Lidia: Sí, eso fue en la primera generación de líderes. Margaret Thatcher, Golda Meir, Indira Gandhi… Algunas eran masculinas, de Golda dicen que era un varón con polleras. Era su estilo. Thatcher fue la Dama de Hierro. Marcó una tendencia y las ejecutivas la copiaron usando trajecitos sastre.

Diana: Yo creo que eso es un gran prejuicio. Siempre hay crónicas de cómo se viste Merkel, Hillary, pero no de cómo se viste Obama. Cuando una mujer levanta la voz, porque tiene que imponer una opinión, es loca, histérica y está masculinizada. En cambio, si Chávez grita noventa horas por día, es un macho.

Lidia: La mujer, al ser todavía minoría en esos altos puestos, es muy visible.

Diana: Para estar ahí tienen que haberse destacado muchísimo, sino no llegan. Salvo en el caso de maridos que ayudaron, como le ocurrió a nuestra presidenta y también a Hillary. El marido de Merkel, en cambio, no tiene nada que ver con la política. Ahí hay mucha lucha para alcanzar ese lugar.

¿Eso es lo que admiran de las líderes?

Lidia: Sí, la pasión. El deseo por el poder. Las mujeres somos ambiciosas. En mis últimas investigaciones, cuando se le pregunta a la mujer si le interesa el poder, más del 68% dice que sí. Hay un prejuicio de que no llegan porque no les interesa, eso no es verdad.

Alejandra: Estos modelos femeninos muestran que otro destino es posible.

¿Y qué les pasa a ustedes con la edad? ¿Qué valoran del tiempo transcurrido, del paso de los años?

Lidia: A mí, más allá de que no me gustan las arrugas, creo que el paso del tiempo da una asertividad en la medida que ves una evolución, un conocimiento adquirido, vivencias. Cada etapa es fantástica, si la sabés aprovechar. Yo padecí la adolescencia. De los 20 a los 30 fue una etapa muy demandante, porque tuve mis hijos muy joven y todavía no estaba recibida. El despegue en términos de carrera laboral fue después de los 40, más llegando a los 50. Los años te traen aplomo y ver que tu pareja y tus hijos acompañan, es muy importante. De acá en más, mientras las neuronas y el cuerpo den, quiero seguir con proyectos.

Diana: Yo no me di cuenta de cómo pasaban los años. Tuve un exilio forzado, tuve que empezar de cero en Madrid. Hice amigos, estuve en la movida del destape, con Almodóvar, una etapa muy divertida, venía de una situación muy dramática en la Argentina, un gran contraste… Tuve mucha suerte en Europa, me publicaron mis libros, me tradujeron a muchos idiomas. Y la vida fue pasando, yo sigo en una especie de burbuja. Un poco adolescente, un poco ingenua. No me siento una persona mayor, me siento una creativa funcionando en un mundo. Algún día se pinchará la burbuja y me deprimiré.

Alejandra: A mí me está pegando la edad, es la etapa del climaterio. Durante años le di consejos a mis pacientes y ahora me toca a mí. Espero salir más sabia. Estoy ahí, la estoy remando. El culto a la juventud que hay ahora… Creo que una buena fórmula para envejecer es salir de tu ombligo.

Silvina: Yo estoy en una etapa interesante. Me siento más segura, con una mirada más clara. Eso es importante en mi trabajo. Si uno no tiene una experiencia pasada por el cuerpo, es muy difícil reflejarlo en los guiones. Yo empecé a los 30 y pico a escribir, ahora soy madre, divorciada, nuevamente en pareja. Interiormente, me sigo sintiendo la misma nena de 8 años. Madurar es también una construcción. Cuando juego con mis hijos, por ejemplo, me siento una par, puedo entrar y salir de la diversión y volver a ser la madre de ellos.

Diana: Yo no me operaría. La cara estirada no me quitaría años sino espontaneidad. Las arrugas me las gané, son el mérito de la edad.

Agradecimiento al Four Seasons Hotel Buenos Aires donde se realizó este encuentro. Y, especialmente, a Gabriel Oliveri, director of Sales & Marketing del hotel.

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